Pedro

Murió tal día como hoy, un 14 de febrero. Le hice la foto en la cafetería donde solíamos ir a que se tomase su cortado y a leer el AS. No sé si leía algo o sólo miraba las fotos. Ahí se pasaba un rato y yo le miraba a él. No sabía si iba a estar vivo esa tarde o unos meses más. Y recordaba muchos momentos que habíamos pasado juntos. Fue mi segundo padre. Ausente también, nervioso, preocupado… y con el alzheimer se transformó. Y pude disfrutar de un abuelo amable, cariñoso, que aceptaba la vida tal cual venía. Un día le pregunte si tenía miedo a la muerte. Me dijo que no. Le pregunté “estás bien?” y me dijo “bien no, tranquilo”. Sabía que había cosas que le dolían, pero las afrontaba con calma y desde fuera me llegaba una sensación de autoperdón. Él era consciente del tránsito en el que estaba. Quizá no recordaba el nombre de sus cuidadores, o de algunas caras, o de los paseos que dábamos, pero era consciente de una realidad quizá más invisible, menos palpable. De eso estoy seguro. Pedro se llamaba.

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