Sesgo de confirmación

¿Porqué cada vez más personas se dejan llevar por noticias falsas? ¿Porqué parece no importar en absoluto que se demuestre su falsedad, e incluso, parece reforzarse más su postura?

Creo que se da lo que se llama un “sesgo de confirmación”, y que su función es negar una realidad para evitar el contacto con el dolor, la ansiedad, el miedo, el desconcierto o cualquier emoción o sentimiento que consideremos negativo o difícil de gestionar. Esto se da de forma inconsciente y no está relacionado con el nivel social o educativo de la persona. 

En muchos casos además las reacciones serán hostiles, despreciativas y hasta combativas. Porque frente al miedo y la vulnerabilidad el enfado proporciona una sensación de seguridad y cierto alivio. Y porque es una espiral en la que cuánto más uno se aleja del núcleo emocional negado más resistencias van a haber para volver a él.

La tendencia es a cerrar cada vez más el sistema, focalizando las relaciones y los canales de información casi exclusivamente en aquello que valide y refuerce la creencia. 

Como descripción, el sesgo de confirmación o sesgo confirmatorio es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, aún siendo estas falsas o incompletas. Dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas aún siendo ciertas. Se trata de un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento. 

Las personas muestran esta tendencia cuando reúnen o recuerdan información de manera selectiva, o cuando la interpretan sesgadamente. 

El efecto es más fuerte en publicaciones con contenido emocional y en creencias firmemente enraizadas. También tienden a interpretar que las pruebas ambiguas apoyan su postura existente. 

Hay una perseverancia de las creencias: una vez la creencia está sesgada y asumida persisten pese a cuando se ha demostrado su falsedad.

 

También hay un efecto de primacía irracional: cuando se tiene mayor confianza a las primeras experiencias tenidas con algún hecho, que a las más recientes. Es decir, no se actualizan las interpretaciones y los cambios se perciben como errores, que les llevan a aumentar la desconfianza y a reforzar sus creencias. 

Otro factor es la correlación ilusoria:  cuando la gente falsamente percibe una asociación entre dos acontecimientos o situaciones. De ahí que haya teorías que relacionan conceptos racionalmente inconexos pero que les aporta una sensación de consistencia. 

Un aspecto derivado es la sensación de seguridad. El sesgo cognitivo permite expresar una emoción que aporte mayor seguridad que lo que ofrece aceptar la realidad.

Esto ocurre, como estamos viendo, en un porcentaje cada vez más amplio de la sociedad.

A todos nos pasa y nos va a pasar en algún momento. La rigidez de creencias o la arrogancia puede ser un buen síntoma que nos ayude a revisar si estamos enfocando la situación desde esa distorsión cognitiva.  

Y también es algo que vamos a encontrar en consulta, claro, y que los terapeutas debemos tener muy presente. Como terapeutas nos ocurre al escuchar al paciente y el paciente al escucharnos a nosotros. Ese sesgo va a ocurrir.

Porque no nos han enseñado a transitar por el cambio, y por los miedos e incertidumbre que provocan. No hay una pedagogía de esto. Y es necesaria.

Insisto, no tiene relación con la inteligencia o personalidad. Y no es una cuestión simple. Un caso, a modo de ejemplo, puede ser el del personaje de Unamuno en “Mientras dure la Guerra”. En ese caso, el personaje evoluciona cuando hay algo que le es imposible de justificar, como el asesinato de su alumno y amigo. Hasta entonces los argumentos iban dirigidos a darle una explicación plausible entorno a su sistema de creencias (primacía irracional) lo que sucedía, sin actualizar los hechos. A partir de entonces sufre una metanoia: se permite rectificar y cambiar el enfoque, aceptando su error. Una heroicidad, la verdad.

Manuel Cuesta Duarte
Últimas entradas de Manuel Cuesta Duarte (ver todo)