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Un Sant Jordi feminista

Tiempo de lectura: 3 minutos

La imagen de un Sant Jordi (o San Jorge), la princesa y el dragón bailando, abrazados o leyendo juntos, es una imagen cada vez más habitual. Un Sant Jordi que ya no es soldado, sin princesa a la que salvar, sin dragón al que matar.

Cada año, por estas fechas, yo solía reivindicar la figura el dragón, el ser mitológico que en todas las culturas representa la sabiduría, la transmutación y la intuición pero que, en la nuestra, era aniquilado y asociado al mal.

La representación anterior, la que yo viví ya de niño, es la imagen de un caballero, el hombre en su representación patriarcal militarizada, que debía rescatar a la mujer indefensa, de la bestia inmunda. En ese retrato machista de la escena, a lo animal, lo instintivo, se ve y condena como algo peligroso, un símbolo de cómo la razón debe imponerse a lo animal, a lo que no debe pertenecer a este mundo.

Otro símbolo de cómo el hombre se coloca por encima del resto de seres vivos, de cómo impone su criterio sobre la naturaleza, a golpe de espada.

Y la mujer, pasiva, débil, sin recursos, a la espera de su salvador.

Para colmo, ellas reciben una rosa y ellos un libro. Para ellas la belleza, para ellos el conocimiento. Son ellos los que leen y ellas contentas de recibir la atención del hombre.

Por eso, las nuevas propuestas unificadoras me parece tan importantes.

Los tiempos cambian y las tradiciones se deben ir adaptando a las necesidades colectivas que nos permitan seguir creciendo como sociedad, que el mito sea parte de la cultura y no un instrumento.

A veces la imagen de las tres figuras se representan bailando. La vida lo es de hecho. No es una cuestión lineal, sino un continuo devenir, un oleaje que va y viene, impermanente, «los átomos danzan», como dice el poeta. Y en la danza hay horizontalidad, como en el mítico cuadro de Matisse, todos se necesitan de igual forma. En esta propuesta no hay subyugación, muerte, conquista; sino un espacio de creación y celebración. Y cuánto necesitamos celebrar la vida y la cooperación.

Los tres centros

Si tomamos las tres figuras como símbolos, Sant Jordi representa el intelecto, lo racional; la princesa lo relacional y lo afectivo; y el dragón lo instintivo.

Parte de nuestro sufrimiento es que una de nuestras predominancias anule a las otras. Culturalmente nuestra atención se ha desplazado hacia lo racional eliminando lo instintivo, despreciando lo intuitivo y lo emocional.

Que haya una integración de esos tres aspectos es necesario: un camino de integración de las partes.

Rosas éticas, km.0

Pero hay otra cuestión importante para la Diadda de Sant Jordi y son las rosas.Sólo para ese día la estimación ronda unos 7 millones de rosas vendidas. ¿De dónde vienen? El 60% es importado.

La mayoría vienen de Kenia, Ecuador o Colombia. El impacto medioambiental que supone es grave, pero también las condiciones en las que trabajan allí cultivando y recolectando rosas, y el impacto que genera para la zona, que, debido a la demanda, se está eliminando cultivos para la alimentación y plantando rosas para la exportación. Haciendo peligrar el autosustento del país y dirigiéndolo hacia el monocultivo.

Una historia real que sirve de ejemplo es esta:

«una pareja se regala una rosa roja. Funza, Colombia, a 24 km de Bogotá: Aydé Silva padece un trastorno nervioso, fuertes dolores en todos los músculos del cuerpo, hormigueo, y pérdida de sensibilidad y fuerza en piernas y brazos. El médico de la Clínica Universitaria Teletón le pregunta de qué trabaja y Aydé le dice que con las flores, como todo el mundo. El médico asiente con la cabeza.» (Historia real recogida por Corporación Cactus, una asociación de trabajadores de las flores colombianas. www.cactus.org.co.)
Las dos historias son las dos caras de una misma moneda. La rosa que la pareja se ha regalado entre sonrisas en Barcelona, 20 horas antes estaba en las manos de Aydé.»

Hay muchas cosas que podemos hacer para cuidar esto, reducir el impacto y fomentar el cultivo lo cal y los productores de nuestra zona.

En esta web podéis leer un artículo completo: http://opcions.org/es/blog/rosas-kilometricas-por-sant-jordi

  • Primera publicación en 2017
Manuel Cuesta Duarte manuelcuesta@paziencia.com

Manuel Cuesta, soy terapeuta gestalt con consulta en Cardedeu (Barcelona) y online. Dirijo Paziencia desde 2010. Ofrezco acompañamiento en terapia individual y supervisión de terapeutas. Autor de "La venganza del niño interior" (Editorial Plataforma, 2025). Imparto talleres a grupos y he colaborado con múltiples escuelas de formación terapéutica en diferentes países.

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