Taller de figuras parentales en México, un viaje hacia la sanación de la familia interior

Event details

  • sábado | 02/12/2017 to sábado | 09/12/2017
  • 16:00
  • El Amate Tezpotlan, México
  • 668881268
  • 22Attendees
  • 4Staff members

El taller consiste en retomar el hilo de nuestra historia personal, centrándonos principalmente en la naturaleza de los vínculos establecidos con los padres. No es una propuesta de trabajo familiar, sino que partiendo de nuestra historia, ver, como desde la mirada inocente y abierta del niño, integramos tanto los aspectos sanos como los carenciales de nuestros padres y de las figuras relevantes de nuestra infancia. De niño no teníamos filtros para separar una cosa de la otra y acabamos normalizando y justificando sus comportamientos. Los integramos como “normales” y los llevamos al inconsciente. El niño mira y busca aprender cómo es ser hombre, cómo es ser mujer y qué papel juega él en la vida. Todo esto lo hace sin ser consciente de este proceso, pero así lo hacemos. Desde ahí creamos unas figuras internas: el padre, la madre y el niño interior que responderán en función de lo aprendido (pero no en función de lo que necesitamos realmente).

El taller: dónde, cuándo y cuánto

La propuesta es realizar uno de los talleres más profundos, gentiles, y reparadores que conozco, sobre las relaciones parentales que, como se ha explicado, son las relaciones internas, con nosotros mismos, las que se evidencian y buscamos trabajar. Un aprendizaje profundo y reparador sobre cómo dejar de culpar o de autoinculparnos, limitarnos y abandonarnos, que son fruto de haber integrado aspectos inadecuados y carenciales de forma inconsciente a nuestra historia.

En este taller residencial extraordinario, tendrás la oportunidad de trabajar con claridad, profundidad y gentileza, todos estos aspectos. Porque no se trata de trabajar con los padres reales externos, sino con nuestra propia historia, con aquellas figuras que interiorizamos desde la mirada del niño.

De la mano de Cherif Chalakani y Montse de Pablo, junto con Carmen Buergo y yo mismo apoyando el trabajo, en un espacio mágico, de gran fuerza y entorno espectacular: Tepoztlan, en México.

Desde España coordino el taller para las personas que iremos desde aquí a México. Contando el vuelo de ida y vuelta, incluyendo la pensión completa durante el taller y la propia formación, el precio es realmente asequible.

Precio

15.0000 pesos, con una equivalencia aproximada de 800€.
Incluye el taller completo, el material y los 7 días de hospedaje con todas las comidas incluidas, además de los descansos.

Viaje desde España a Tepoztlan, México

Desde España, partiendo de Madrid o Barcelona el precio es de aproximadamente 600€ ida y vuelta.

Desde el aeropuerto de DF hasta Tepoztlan se puede coger un taxi (por un precio de 60€, a compartir) o bien se puede coger un autobús que llega directo por unos 15€. Tepoztlan está a poco más de hora y media de DF.

Son varios los españoles que saldremos desde España y, con el consentimiento de los participantes, os pondré en contacto con el fin de poder coordinarnos y volar juntos y facilitar las tareas de desplazamiento para quien lo desee.

Tepoztlan, México

Tepoztlan es un pequeño pueblo al sur de Mexico DF, en la zona centro-sur de Mexico. Corresponde al estado de Morelos. Un pueblo tranquilo, popular, carismático y acogedor, con una atmósfera mágica y una especial energía que ayuda a los procesos de trabajo personal.

Cuenta, además de sus pintorescas calles, con mucha vida comercial. Los fines de semana se llena de visitantes de la capital, y los mercados artesanales salen a las calles del centro.

El pueblo, de 14000 habitantes, está en el valle del mismo nombre, a los pies del Tepozteco. Una empinada y larguísima escalara de piedra tallada en la montaña, penetra hasta la cima donde quedan los restos de una antigua pirámide maya.

El taller se realizará en el centro “El Amate”, un espacio bello, sensillo y acogedor, situado en el mismo pueblo y a la falda de la montaña. Desde el comedor, que cuenta con una enorme terraza, puede verse la inmensidad del entorno natural que lo rodea.

El equipo

Es sin duda un espacio inspirador y reparador, de gran fuerza y belleza. Un trabajo inspirado a lo largo de 30 años e impartido por:

Cherif Chalakani

Egipcio de origen, educado en Francia y adoptado por México. Es reconocido internacionalmente como Terapeuta Psicocorporal Transpersonal. Especializado con trabajos de Movimiento, Respiración, Atención y Procesos Perinatales desarrollando desde hace ya tres décadas un enfoque personal “Espacios Nacientes” entorno al arte de morir y renacer con dulzura. Así mismo es discípulo y Colaborador del Doctor Claudio Naranjo en los programas SAT en diferentes países.

Monserrat de Pablo Ciria

Mexico-España. Psicoterapeuta individual, familiar y de grupo desde 1982, con especialidad terapia psicocorporal, integración postural y desbloqueo reichiano (Center of Release and Integration, Mill Valley, California) 1981—1984.
Maestría en Terapia Familiar Sistémica, Centro de Investigaciones Psicosociales A. C. Crisol, Cuernavaca 1998-2000.
Discípula del Dr. Claudio Naranjo (Escuela SAT ) México, desde 1981.
Formacion Transpersonal SAT I, II, III, IV con el Dr. Claudio Naranjo desde 2001.
Entrenamiento en Movimiento Autentico con Betina Waisman. Mexico 2012-2013.

Información en España

Manuel Cuesta Duarte,
Solicita más información y para reserva de plazas a través del formulario de contacto en esta misma página o en el apartado de Contacto

Localización

Justificación del taller

¿Cuál es la función de cada una de las figuras?

La madre interior aportándonos confianza y el contacto con nuestras necesidades y procesos internos, la capacidad de tratarnos con ternura, de respetar nuestros ritmos internos y procesos (escucharnos con sabiduría); el padre interno responde a la capacidad de poner límites y salir al mundo, la resolución de problemas y cambios, la gestión del dinero, la relación con el poder y la autoridad, con dios, etc.; el niño interior aporta la capacidad de vivir el placer, ser creativos, el contacto con la naturaleza, la experiencia de la sexualidad, la curiosidad, la capacidad de ser espontáneo, de lanzarse al misterio de la vida, lo instintivo, lo intuitivo…

Cualquiera de de las dificultades que tengamos en estos campos pueden derivar de haber tenido carencias y un desarrollo deficitario durante nuestra infancia, habiendo integrado las limitaciones de nuestros padres (como personas humanas que son) en nosotros. Reparándolas, podremos crear unas figuras parentales sanas y desde ahí surgir una relación amorosa y satisfactoria, sin exigencias, hacia nuestros padres y personas cercanas.

Por más que haga, siento que nunca es suficiente. Siempre necesito la aprobación del otro.

Por amor, al no haber cuestionado esas actitudes, no poder filtrarlas ni comprenderlas en su momento (como niños no tenemos esa capacidad), las hemos integrado y nos comportamos con nosotros tal y como lo hicieron en su momento.

El niño interior y la herida inconsciente

Mientras esos patrones se siguen repitiendo, ese niño que fuimos un día, sigue abandonado y con carencias, que vamos repitiendo y trasladando a nuestra realidad de hoy en día una y otra vez. Ahí sigue el niño interior esperando recibir la mirada, la aceptación, el amor que tuvo pero que quizá no fue suficiente como él o ella necesitaba. Muchas veces fuimos colmados de atenciones materiales, pero faltó el cariño emocional, la presencia continuada.

Aunque no estén delante, me siento culpable si critico a mis padres. Me doy cuenta que no les defiendo a ellos, sino que me defiendo a mi.

No fue culpa de nuestros padres, quizá con muchos hermanos aún gracias que nunca nos faltó nada, pero esa forma de verlo es desde el adulto. El niño lo que percibe es la carencia, no lo comprende y lo que recibe es que para él no hay suficiente. No es capaz de separar y esa carencia se queda en el interior, sumado a la culpa por sentir eso al ver el esfuerzo de sus progenitores. Con lo que trabajan ¿cómo voy yo encima a quejarme? Pero no se trata de algo racional desde el adulto, sino de darle voz a la carencia que sí hubo en ese momento. No es un juicio. Darle voz a un dolor que ahí reside aún en nuestro interior y que por no ser atendido adecuadamente, sigue ese niño intentando no ser un estorbo de adulto, con dificultades en pedir ayuda o quizá sintiendo que todo cuesta mucho esfuerzo y que cuando llega no satisface… o quizá habiéndote enfado tus emociones, o anhelando que por fin venga mamá a darme lo suficiente (proyectando a mamá en la pareja), siempre reclamando un poco más y sin saber bien qué reclamo realmente, o bien… temiendo un abandono y abandonando antes de que se produzca, desconfianzado… o prolongando un conflicto que uno ni sabe ya de dónde viene ni porqué está ahí, porque he “aprendido” que discutir forma parte de una relación.

Es por eso que, aún y habiendo crecido, seguimos despreciándonos, dudando o autolimitando nuestras capacidades, rebelándonos contra lo amoroso, teniendo conflictos permanentes con la autoridad, dificultades para entregarnos en la pareja y poner límites, creencias sobre el trabajo, el dinero, el amor, la vida o los hijos… habiendo reducido nuestra vida a una estructura muy concreta y tan rutinaria y predecible como poco satisfactoria. Nos dijeron “así serás feliz” pero hemos repetimos la receta que nos dieron, incluso la hemos mejorado, pero algo sigue hueco, vacío. Desde ahí nos frustramos y vivimos a medio gas. Hemos normalizado la infelicidad y sólo despertamos ante esta situación en momentos de crisis. Nos sentimos insatisfechos. Y es que hay un niño ahí que necesita ser atendido y escuchado de verdad.

El ejemplo cala más que las palabras: patrones inconscientes

En la infancia calan los ejemplos recibidos y las actitudes vividas más que las palabras o las intenciones. Como niños vivimos desde lo emocional y lo instintivo, SABEMOS lo que pasa. Si de los padres sentimos su tristeza pero nos dicen que todo va bien, comienza a crearse una dualidad, una ambigüedad interna.  Pueden decirnos que quieren lo mejor para nosotros pero SABEMOS que desaprueban unas elecciones u otras. Esto provocará que el niño elija, por amor y necesidad, creer las palabras de sus padres, buscamos amarles y que nos amen y empezamos a rechazar nuestras propias percepciones internas. De ahí, por ejemplo, la dificultad de adultos de muchas personas de reconocer sus propias necesidades. Internamente y a modo inconsciente lo que está ocurriendo es “no voy a hacer caso de mis sensaciones, de mis intuiciones, porque no quiero contradecir a mis padres, eso seria demasiado doloroso; así que aprendo a desconectarme y vivir más cómodamente haciendo lo que ellos me dicen”. Esto se prolonga durante la vida adulta y se proyecta en el entorno, como los jefes en el trabajo, la autoridad, las expectativas, la mirada del otro… la necesidad de valoración y validación externa, más que el reconocimiento interno: no hay felicidad ni complitud en la dependencia.

Odiaba que lo hicieran conmigo, y ahí estoy yo repitiendo lo mismo una y otra vez.

Hoy en día, de adultos (sin importar si queremos repetir sus comportamientos) ahí siguen: patrones que sin ser beneficiosos para nosotros mismos ni nuestro entorno repetimos una y otra vez. Muchos de esos patrones ni los vemos, a veces nuestro entorno nos lo devuelve, pero lo ignoramos o caemos en la frustración ante la incapacidad de cambiarlos, aparece la culpa o incluso los defendemos o lo consideramos genéticos. Pero la realidad es que esa herencia no está escrita en nuestro ADN, son comportamientos y actitudes adoptados y, por tanto se pueden desadoptar.

Todos hemos experimentado en alguna medida: rechazo, abandono, exigencia, falta de apoyo a nuestra independencia por parte de ellos. En aquel entonces ypara enfrentar esto, elaboramos formas particulares de adaptación, que si bien nos sirvieron en nuestra infancia, en el presente tienen un alto precio: dificultades en las relaciones interpersonales, depresión, desconfianza, dificultad en la entrega, exigencia, alejamiento de nuestra esencia, etc…

La verdadera aceptación (que no resignación) reparadora hacia la madurez

En este proceso, al que te invitamos, aprendemos a reconocer la toxicidad de estos aprendizajes encarando con gentileza su dolor, aceptando la culpa, violencia y abandono que generamos hacia nosotros y hacia los que nos rodean y emprendemos entonces el retorno a “casa”, a nuestra esencia. Ese lugar de creatividad donde se engendra lo posible, lo amoroso, lo vital. Es la capacidad de ver lo que hubo, de integrar verdaderamente a todas las partes, cuando surge el descanso, el agradecimiento y el perdón. Sin sentimentalismos, sino ante una verdad que es nuestra verdad y que muestra el camino a la madurez.

Aunque la quiero, la realidad es que estoy tensa cada vez que veo a mi madre. Siento que cualquier cosa que me diga me afecta.

Al atravesar el territorio de lo personal, sombreado por el dolor y la violencia inconsciente que marca nuestra realidad infantil, descubrimos el paisaje de lo “humano” donde mora la posibilidad de madurar del adulto, de honrar a los padres internos que lo acompañan y dar un paso importante hacia el auténtico perdón que deriva hacia uno mismo y hacia las figuras externas después.

Nuestra capacidad de ser espontáneos, de ser creativos y de ser felices depende, en gran medida, del grado de integración y congruencia que hayamos logrado a lo largo de nuestra vida.

Te invitamos a vivir esta profunda experiencia, en un ambiente de intimidad y recogimiento, compartiendo durante 7 días completos, en Tepoztlán (Morelos), estado de México. Una oportunidad de trabajo y de experimentar un viaje en dos sentidos.

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