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Suzy Stroke y la demanda infantil en la pareja

“Esperamos y queremos mucho pero damos poco. Queremos comprensión y nos olvidamos de comprender. Esperamos que el otro cambie, para ser felices. Somos poco sinceros, manipulamos mucho, chantajeamos demasiado, acusamos constantemente y nos defendemos como si la pareja fuera nuestro peor enemigo. Nos olvidamos de cuidar al otro y a la relación. No fuimos entrenados para vivir una vida constructiva. Sabemos muchas cosas a nivel intelectual, pero a la hora de la verdad, nos atrapamos en nuestros juegos emocionales infantiles.

Y la pareja sigue siendo uno de los mejores lugares para crecer, aprender a relacionarse, aprender a dar y recibir y a ser más honestos y limpios.”

Suzana Stroke, escribió esto. Suzy, fue una terapeuta brasileña de gran prestigio en la comunidad. Se especializó en relaciones parentales y pareja. La conocí breve mente, en unos días intensos de trabajo personal, me caló hondo y me ayudó tanto  (a mi y a tantos!) que más de 10 años después sigue vigente en mi corazón. Siguen cayendo sus palabras en mi conciencia. Poco a poco, pero persistentemente. Me sentí profundamente visto por ella. Yo digo que me salvó, esa mirada fue sanadora para mi. Sentí que me veía más allá de mi traje, de mi máscara, de mis miserias. Una mirada que no se tropezaba hasta llegar a lo más esencial. Y en ese espejo me vi reflejado. “Ah! No soy malo!” Me dije. Después de aquello, y paradójicamente, todo se tornó más difícil y complicado en mi vida. Como si el ego hubiese aparecido con más fuerza y quisiera compensar y ocultar esa esencia que aparecía. Pero quedó un poso, que fue calando, como la gota que transforma la roca en playa. Poco a poco, persistentemente, descansando y confiando (no hay otra opción) en su(mi) mirada compasiva.

A menudo me repito a mi mismo “la pareja, es la gran escuela”, como ella decía. Es donde se abren heridas más inconscientes y de hace tanto. Una inmensa oportunidad. Y es curioso, porque la pareja se supone es la relación donde podríamos confiar y entregarnos, pero la mayoria se acaban convirtiendo en una secuencia de hábitos y rutinas, más que en espacios de crecimiento y placer. Me pregunto, ¿no hará falta, especialmente en la pareja, mirarse más, darse más tiempo para poder verse el uno al otro… de verdad…? Cuando he atendido a parejas, es increible el efecto que esto causa, el mirarse, sostenerse ante la mirada del otro, abrirse y entregarse al mismo tiempo. Nos tocamos, besamos y miramos, menos de lo que necesitamos. Y ojalá que cuando lo hagamos, sea sin más objetivo que el de estar con el otro, sin exigencias y con lo que haya. Crear la atmosfera adecauada para ello, generar espacios y tiempos compartidos sin mucha actividad. Ahí se puede, quizá, dar el (re)encuentro, sin más demanda, sin más nada que el estar con. Y si no es posible, no alargarlo más. Ahí también hay compasión.

Gracias, Suzy, bendita seas donde sea que estés.

Manuel Cuesta Duarte
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