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Momento de crisis, oportunidad de cambio

A veces uno debe caerse para darse cuenta de donde está el suelo. La crisis de valores en la que nos encontramos, esa incertidumbre, no es más que el paso necesario hacia un nuevo momento, y que probablemente, es cierto, precede a una caída dolorosa.

Tanto en lo social como en lo personal, las tradiciones más antiguas asiáticas, americanas y africanas nos hablan de las crisis y de como superarlas. Pero como el ego que se aferra y lucha para evitar el cambio, muchas personas se resisten a ver que hay algo que cambiar y esperan que sean los otros quienes cambien o que el tiempo actue como un mágico doctor que cure o les ayude a olvidar. Pero el corazón no olvida lo que tiene pendiente.

Por eso es heroico el paso que da una persona cuando acude a terapia con la determinación del cambio, o quien practica meditación con absoluta devoción en la bondad y la compasión, o quien decide empezar a escuchar verdaderamente al otro en lugar de buscar formas en las que hacerse oír. Heroico porque nos han enseñado a tapar la herida antes de curarla. Lamentablemente, hay un tabú, una evitación social del dolor pero no del sufrimiento. Los minutos dolorosos de la cura de un rasguño se sust¡tuyen por años de un sufrimiento intenso y sordo que va entumeciendo zonas cada vez más grandes del corazón. Olvidando a querer y a recibir el amor que nos dan.

Muchas personas al iniciar terapia temen descubrir algo que les haga sufrir, otras temen en su día a día tomar alguna decisión por el daño que podrían causar. A veces es duro cambiar de hábitos, costumbres o creencias. Pero en realidad el sufrimiento se produce al permanecer quieto. El sufrimiento es la prolongación de algo que ya ha cambiado, que ya debe dejarse atrás y no se deja. Recuerda a un niño adulto que quiere tener todos los juguetes y sigue cogiendo más sin soltar los que ya tiene. Egoísta con todos y consigo mismo, pasa por la vida de puntillas; en lugar de vivir, sobrevive.

Como el agua estancada que con el paso del tiempo se pudre, la terapia es la ayuda necesaria que permite el paso libre de ese agua y que ahora inunda nuevos espacios reavivando lo que antes estaba marchito. Porque cada comportamiento que tenemos no es propio, sino adoptado, la imagen que tenemos de nosotros mismos es la que han ido conformando las miradas de los otros y el temor a cambiar o equivocarnos radica en el temor a decepcionar y perder el poco amor condicionado que hemos recibido.

Se puede cambiar. Ese comportamiento, esos hábitos que rigen el día a día, esa máscara, aprendida de padres y madres, de familiares, profesores y amigos se puede desaprender para encontrar nuestra propia felicidad y no la que diseñaron para nosotros y que nos es cada vez más insípida.

La respuesta no está en la queja ni en la proyección de las responsabilidades, sino en que cada uno acepte este momento de la historia, y de su historia individual, como determinante y con determinación. Cada momento de crisis es una invitación al cambio, una oportunidad única que los maestros celebran como un regalo de la vida para superarse.

Hablando del verdadero cambio:

“El único requisito es querer hacerlo con un deseo inconmovible; es decir, se ha de ser inconmovible en el deseo de ser libre. El camino no es fácil.”

Castaneda.

El camino no es facil, pero merece la pena. Merece mucho la pena.

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
Manuel Cuesta

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