En qué quieres pensar?

 

Piensa en qué quieres pensar. Sabías que puedes elegir tus pensamientos? Esa posibilidad existe, pero no sabemos cómo hacerlo sin caer en la fantasía. Piensa en esto: pocas veces los pensamientos que tienes tienen relación con el momento actual de tu vida y las verdaderas circunstancias que te rodean. Cómo es que la mayoría de pensamientos no tienen que ver con la realidad que te rodea ni con quien eres realmente? Cómo es que la mayoría de veces tienen relación con especulaciones, fantasías, críticas, juicios, miedos o anticipaciones?

La mayoria, el gran volumen, de tus pensamientos, (aún y teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos pasan desapercibidos) estan más orientados al futuro y al pasado que en el estricto presente. La mayor parte de tus pensamientos, podriamos decir que, son aparentemente arbitrarios. No tienen un hilo conductor, puedes saltar de unos a otros con sorprendente incoherencia. Pruebalo tu mismo, observa tus pensamientos, escribelos, y comprobarás como incluso afectan intensamente a tus emociones.

Entonces porqué digo que son “aparentemente” arbitrarios? Pues porque efectivamente no tienen nexo aparente pero si una función de base: huir. Tus pensamientos están orientados bajo un mandato interno e inconsciente (creencias internas) que piden que te distraigas. Y esto tan simple es el origen del sufrimiento.

Así pues, imaginas poder elegir en qué pensar? O, pongámoslo más simple: te imaginas no tener que huir? Vayamos a la cuestión de base: para qué huimos? Obviamente para no sufrir. Eso significa que en algún momento algo nos dolió, no supimos resolverlo y andamos continuamente con esos temas pendientes. Utilizamos lo que en ese momento teníamos a nuestro alcance para que no nos doliera en exceso: desconectarnos. Pero lo que nos fue útil en su momento, al cronificarse y estar en automático nos produce un sufrimiento continuo que buscamos aliviar continuamente, huyendo con mil y un estímulos, teniendo nuestra mente siempre ocupada.

No quiero frustrarte. Si fuera tan sencillo parar y cambiar todo esto los libros de autoayuda y los seminarios y terapias exprés tendrían verdadero éxito, y no es así. Los procesos de cambio llevan tiempo, pero es posible.

Ahi es donde la terapia funciona. No se trata de generar nuevas creencias, no es una cuestión de dar consejos, ni de decirle al otro lo que debe hacer. Se trata simplemente de estar. Si conseguimos que el paciente simplemente vaya descartando todos los mecanismos que tiene de huida se acaba encontrando con su presente, y de ahi brota un contacto tan íntimo consigo mismo como reparador. Pues en la huida constante el mensaje inconsciente que nos damos es que no podemos asumir la realidad de la vida y no hay nada más angustiante que temer el suelo que pisas y el aire que respiras, temer que tu pareja te va a dejar o que dios te lo está haciendo pagar por algún motivo.

No es tarea facil, pues nos pasamos la vida elaborando sofisticadas estrategias para andar en esa distracción. No tuvimos que vivir grandes traumas, simplemente (pongo un ejemplo) si nuestros padres estaban ocupados, y llegamos nosotros con nuestro dibujo del “cole” ilusionados, es posible que no tengamos la atención que necesitamos. Eso que para un adulto es asumible, para un niño es trascendente y, al irse repitiendo, elaboramos estrategias que nos ayuden a llevar mejor esa frustración: la insensibilización al dolor y la frustración de sentir que no somos importantes para nuestros padres por lo que nosotros hacemos, sino por lo que ellos quieren. Para que esta distracción funcione elaboramos esas estrategias ubicándolas en el inconsciente: pero precisamente por eso, se acaban automatizando y, aun y habiendo pasado 40 años, ya no es el niño sintiendo que lo que hace no es importante para sus padres, sino es la inseguridad de un adulto que sigue temiendo que lo que hace no es suficiente para nuestra pareja, padres, sociedad o para él mismo.

La mayoría de nuestros comportamientos no son respuestas a un momento presente, sino automatismos inconscientes a aprendizajes del pasado no resueltos y que seguimos repitiendo una y otra vez (diferentes escenario, pero el mismo guión). Cuando esos temas pendientes los traemos al presente, les damos luz, y los resolvemos, esa carga emocional y psicológica se libera y es entonces cuando la mente se vuelve más tranquila, hay menos ruido ahí arriba, no estoy tan condicionado por temores, por el control, por la rigidez… aparece la espontaneidad y es entonces cuando parece más fácil elegir realmente en qué quiero pensar, transformar el pensamiento no en una huida, sino en un espacio creativo y sanador.

 

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
Manuel Cuesta

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