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Amor y dolor se pertenecen

A menudo, sin darnos cuenta, pasamos nuestra vida tratando de evitar un dolor o situación fantasiosa en la que creemos que vamos a sufrir. Nuestra vida se basa en eso. Creamos estructuras, creencias y corazas que no nos dejan sentir. Cada vez eso nos aleja mas de las de nosotros mismos y de las demas personas. Eso provoca que cada vez nos sintamos más solos y necesitando o rechazando más su amor. A su vez, creando una falsa sensación de seguridad y equilibrio que, al sentir intuitivamente falsa, nos sumerge en una desesperación e insatisfacción continuas. Pero ante esa necesidad el sistema de defensa actua de nuevo y en lugar de abrirnos nos encerramos aun más, endurecemos nuestra coraza, y nos centramos en las emociones y necesidades substitutorias (pensando que a través de los hijos, de un futuro prometedor o una nueva casa se resolverá ese problema).

Sólo atravesando el dolor de despojarse de esa coraza, de llegar a sentir el dolor y la herida inicial podremos encontrarnos con nosotros mismos, sanar las heridas primigenias originales y abrirnos a un nuevo espacio sincero, lleno de paz, confianza, amor y aceptación.

En terapia…poco a poco el paciente se sumerge cada vez más en la recuperación de su propio yo, abriendo al ritmo adecuado las capas del capullo en las que se ha encerrado a lo largo de su vida.

Contrariamente a lo que uno podría creer el proceso de apertura no es peligroso, aunque a menudo se tema por ello, comporta felicidad y la sensación de haber recuperado una energía perdida y casi olvidada puesta en lo que a uno verdaderamente le conecta con él mismo y los demás.

Este es un proceso de crecimiento interior y de madurez. Un proceso de madurar aquello que se ha protegido desde la infancia y que sigue teniendo reacciones y reflejos infantiles y egoístas en nuestra forma de amar a los demás y de relacionarnos, incluso con nosotros mismos.

“Si tu corazón está abierto, también está abierto al dolor. Uno de los antiguos Maestros dijo: ‘’Si quieres herirme, aquí están las piedras, y aquí estoy yo”. Si vosotros evitáis el dolor también evitáis el amor; ambos se pertenecen.
Es necesario tomar una decisión, si queréis amor debéis estar también preparados para el dolor. Si vosotros miráis dentro de los ojos de los Maestros veréis el dolor que han atravesado, pero ellos constantemente renuevan su compromiso de amor. Ellos son como la tierra, nunca rechazan nada que venga a ellos.

Cuando aceptéis esto, disfrutaréis un hermoso sabor con el que estaréis completamente satisfechos. Sin envidia, sin celos, sin ira; si sentís este sabor desaparecerán las causas de la insatisfacción. Acepten este momento, ámense y acéptense a sí mismos. Debéis comenzar con esto. A menos que se acepten a sí mismos, no podréis aceptar a los demás.

Lo que les sea enviado a vosotros, no se resistan. Si es real, enraizará en vosotros. Si no es real, no se preocupen, los abandonará como agua corriendo por sus rostros.”

  • Fuente del texto original aquí, introducción al eneagrama sufí.
  • Fuente de la fotografía de la portada aquí.
  • Primera publicación el 5 de septiembre de 2010
Manuel Cuesta Duarte
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