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¿Cómo relajar la mente y entender por qué se estresa?

Quizá para relajar la mente, primero habría que entender por qué está saturada. Nuestra mente permanece continuamente llena de pensamientos. ¿Por qué?

En el paso de la pubertad a la adolescencia, las sociedades tradicionales, llevan a los niños con los maestros para realizar la transición hacia esa etapa tan difícil en la que se encara la madurez y se abandona la infancia.

En esa transición tutelada por la sabiduría ancestral del maestro, se trabaja la capacidad de desidentificarse con los pensamientos y encontrar el verdadero yo. Pues esa es la base simbólica de la palabra adolescente: pasar dolor, transitarlo. Duele porque es un abandono de la inocencia y también de las exigencias de los padres para superarles y encontrar nuestra verdadera esencia. Es clave aprender a transitarlo y entender que el dolor forma parte de la vida, que puede transitarse y superarlo; pero cuando alguien teme el sufrimiento busca evitarlo, evita así también el amor y llega entonces el sufrimiento.

Es evidente que en nuestra sociedad este paso no se realiza. Por tanto, una de las consecuencias directas es el encontrarse aferrado aún a actitudes infantiles, buscando quienes somos e identificados con nuestros pensamientos, sin límite alguno. Desbordados por las ideas neuróticas que buscan desesperadamente un estado de completa felicidad con ausencia de todo dolor.

En occidente, además, la velocidad es un concepto asociado a lo práctico. Cuanto más rápido mejor, para seguir produciendo, haciendo y consumiendo. Los sistemas educativos actuales saturan a sus alumnos con trabajos y exámenes, que junto con las actividades extraescolares y las crisis personales que surgen en esta etapa de la vida, provocan un serio entumecimiento de las emociones, una distorsión de su propia identidad y alteraciones nerviosas que desencadenarán diferentes síntomas crónicos en un futuro inmediato, como ya se está comprobando.

Blaise Pascal dijo:

“Toda la infelicidad de un hombre nace de su incapacidad para permanecer sentado y solo en una habitación vacía”.

En realidad se diría que pensamos tanto para no pensar. Que nos dejamos seducir por nuestros pensamientos y emociones para no escuchar la voz interior que nos han educado a despreciar durante nuestro crecimiento. Buscamos identificarnos con esos pensamientos que han creado nuestro propio personaje.

Esa identificación con nuestros pensamientos no nos da espacio para ver lo que hay entre pensamiento y pensamiento. Y es que ahí es donde residimos. En un espacio sin miedo ni esperanza. Donde realmente se encuentra nuestra paz interior. Y donde podemos descansar de forma duradera y auténtica.

A este caso, se refieren pasajes de escrituras de gran sabiduría. Por ejemplo, en Mateo 11:28:

“Venid a mi todos los que estáis rendidos y agobiados por el trabajo que yo os daré descanso. Cargad con mi yugo y aprended de mi, porque soy manso y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vosotros, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Esta otra cita del gran filósofo del s.XVII Baruch Spinoza:

“Somos zarandeados de muchas maneras por causas externas y, como las olas empujadas por vientos contrarios, nos tambaleamos y somos inconscientes […] Pues un hombre ignorante, además de verse agitado de múltiples formas por causas externas, nunca disfruta de una verdadera satisfacción de la mente: vive, además, casi inconsciente de si mismo, de Dios y de las cosas […] el hombre sabio […] apenas es movido en espiritu, es consciente de sí mismo, de Dios y de las cosas por determinadad necesidad eterna, y nunca deja de ser”

O este otro texto, extraído de “La Gran Paz Natural”, del maestro budista Sogyal Rimpoche. Un poema del maestro del s.XX Nyoshul Khenpo, que condensa con gran belleza la sabiduria, compasion y comprension sobre el sufrimiento de la ingorancia que produce nuestra mente:

“Descansa en la gran paz natural, mente exhausta,
golpeada incansablemente por el karma y las ideas neuróticas,
como el furor implacable de las olas
en el infinito océano del samsara.
Descansa en la gran paz natural”

Personalmente, he podido experimentar esta auténtica paz en varios momentos de mi vida. Algunos de esos momentos fueron espontáneos y otros gracias a ejercicios terapéuticos que he tenido la suerte de vivir e integrar, y que ahora puedo llevar a otros. En mi día a día, los espacios de meditación son cada vez más próximos a esa placidez absoluta que siempre he sentido muy semejante al sueño profundo de un bebé: sin preocupaciones, sin prejuicios, sin apariencias, sin miedos ni expectativas… simplemente siendo y viviendo en el aquí y ahora.

El proceso terapéutico es un camino a la desidentificación de los pensamientos, el encuentro de las verdaderas necesidades y una apertura a la meditación.

Fuentes:

  • Foto: desconocido
  • La gran paz natural, Sogyal Rimpoche, ver aquí el texto completo
  • La Biblia, Ed. Herder
  • Primera publicacion del artículo: 26 de abril de 2010

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
Manuel Cuesta

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