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Nasrudin y el sueño del sultán, o sobre cómo decir (y escuchar) las cosas

Nasrudín, es un personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe del islam, cuyas historias sirven para ilustrar o introducir las enseñanzas sufíes, se supone que vivió en la Península de Anatolia en una época indeterminada entre los siglos XIII y XV. Literalmente su nombre significa “la victoria de la fe”. (Referencia)

Muchas veces utilizamos las enseñanzas de Nasrudin para comprender situaciones relacionadas con la atención o la rigidez del carácter. Nasrudin es maestro e idiota a la vez. Es lo que en ese momento se necesite siempre al servicio de la enseñanza. No tiene etiquetas. Su propia actitud es en si misma una enseñanza.

El sueño del sultán

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, ordenó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Sabio- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y encargó que le dieran cien latigazos.

Más tarde mandó que le trajesen a Nasrudín y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

– ¡Excelso Señor! Gran felicidad le ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes. Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran a Nasrudín cien monedas de oro. 

Cuando el mullá salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

– Recuerda bien amigo mío, respondió Nasrudín, que todo depende de la forma como se dicen las cosas.

La forma y la escucha activa

Cuatro personajes: El primer sabio no sabe escuchar al Sultán, solo escucha su conocimiento. No le Ve. El Sultán no escucha al sabio, sólo ve su miedo y ambición. Nasrudin ve, escucha, y tiene conocimiento. Eso es sabiduría. Puede expresarle al Sultán la verdad, entendiendo su momento, y eso permite que llegue. El cortesano es un observador, como persona no involucrada puede ver que el primer sabio y Nasrudin han dicho, en teoría lo mismo, pero no sabe qué ha cambiado. La forma lo es todo. La forma viene de la escucha. Las escucha viene de la atención.

A la terapia Gestalt se le suele llamar “el arte del contacto”, el arte poder hacer contacto con el otro en el momento justo, de la forma precisa, que permite revelar (desvelar) el momento. Es todo un oficio que requiere maestría.

Como receptores (“escuchantes,  pues es una actitud activa), y emisores (“emitientes”) necesitamos estar en una escucha activa, de uno mismo y del otro, para conseguir el encuentro. Y eso, se da poco. Todo nuestro entreno desde la infancia esta orientado a no escucharnos. 

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
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