El regreso al mercado

“La Doma del Buey” o tambien llamada “Los Diez Toros del Zen” es una representación metafórica de las etapas de la autorrealización, del despertar, representada por un pastor de bueyes que simboliza al buscador (al yo separado, a Le Mat, en el Tarot de Marsella, Ulises en la Odisea, o Neo en Matrix) y a un buey o toro (representando nuestra verdadera naturaleza primordial, que es salvaje, activa y en continua transformacion). 

Fue originalmente una creación de la tradición Taoísta en China, pero fue desarrollada y mejorada por el maestro chino Kakuan Shien, en el siglo XII.

Después de tantos años, sigue siendo uno de los mejores modelos para describir el proceso de despertar. Se desarrolla en diez etapas que definen la relación de nuestra mente con la verdad más profunda de la realidad y sus obstáculos.

Para no enrollarme, mi interés es poner atención en la etapa final. Haciendo un resumen rápido, en las tradiciones orientales, conseguir el satori, el despertar, no era algo especialmente difícil (aunque hay muchos niveles y no todos son tan accesibles. Me refiero a un despertar estándar). El auténtico reto estaba en volver a lo cotidiano, al trabajo, al día a día familiar, de pareja, de la ciudad… Cómo llevar lo aprendido, cómo cuidarlo, cómo atenderlo y cómo compartirlo. 

Las escenas de la Doma del Buey hacen referencia a un camino de despertar, pero también son un camino en espiral: cada etapa es una representación arquetípica que iremos atravesando repetidas veces a lo largo de nuestra vida. Las antiguas tradiciones no veían cada paso como absoluto, sino que cada pequeño paso implica ese camino. Un día de sesión de terapia, un “pequeño” hallazgo, un retorno al hogar… Es la maquinaria consumista occidental en la que nos hemos criado que no nos deja ver con afecto que los pasos son graduales, progresivos, que llevan años y que todo cuenta. 

La escena final en el poema de Kakuan Shien es el Regreso al Mercado. La Doma del Buey se divide en 10 escenas, diez poemas, y a cada escena le corresponde una acuarela que lo representa. Dokushô Villalba añadió un comentario a cada escena. 

Mucha literatura y muchas películas han representado este camino de despertar, este camino iniciático. En “El Señor de los Anillos” esta escena en concreto se representa cuando se encuentran Frodo y sus compañeros en la taberna de la Comarca casi al final del Retorno del Rey. Se miran, se sonríen, con la complicidad de lo vivido, sentados en el mismo lugar donde crecieron.

Volver a lo cotidiano, a lo de siempre, siendo que uno ya no es él mismo. Algo ha cambiado y, al tiempo, nada es definitivo y necesita de mucho cuidado.

Y cuento este rollo porque mucha gente estamos en eso, en volver a lo cotidiano después de un paron atípico. Muchas personas me cuentan cómo se han dado cuenta de esto y aquello en estos días de confinamiento. Yo mismo me he visto trabajando menos fines de semana y no tengo ningunas ganas de volver a ese estrés. 

Joseph Campbell explica en su teoría del monomito y del camino del héroe que el viajero nunca va al encuentro, sino que el encuentro va a él. En ESDLA es Gandalf quien va a buscar a Frodo. Muchas veces somos sorprendidos por la vida. Ahí empieza la Aventura.

Con todo lo aprendido, nos toca volver al mundo. Y honrarlo. Yo tengo algo de miedo a perderlo, la verdad. Y ese miedo, si lo escucho, me dice que acelerarme es fácil y que ponga límites porque sin enterarme puedo acabar como estaba antes de la pandemia en menos de una semana.

Ese paso a lo habitual, ese volver a lo de antes, me parece todo un reto. 

El regreso a la plaza del mercado

“Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente del mundo.
Mi ropa está remendada y cubierta de polvo, y soy más dichoso que nunca.
No uso magia para alargar mi vida,
pero ahora, ante mí, los árboles marchitos se cubren de flores.”

Comentario de Dokushô Villalba:

Tras mi puerta, ni mil sabios me podrían conocer. La belleza de mi jardín es invisible. ¿Por qué deberíamos buscar las huellas de los antiguos maestros? Voy a la plaza del mercado con mi botella de vino y vuelvo a mi hogar con mi bastón. Visito al vendedor de vino y frecuento el mercado, y todos a los que miro se iluminan.

Con el corazón y los pies desnudos regresas a la plaza del mercado. Tu sonrisa brilla bajo la ceniza. No haces milagros y, sin embargo, allí por donde pasas, es primavera.

Te sientas a la mesa con los bebedores y los leñadores. Cualquier hora es para ti un momento favorable. Cualquier tiempo es propicio para el Despertar. 

¡Ah, qué bien sabe una buena cerveza fría en una tarde de verano después de hacer lo que tenía que haber hecho! 

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