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¿Dónde encontrar la felicidad?

El Mula Nasrudin

Un cuento de Nasrudin, el famoso Mulà, me evoca a menudo cuan perdidos estamos y que por más que busquemos no encontramos gozo, paz y verdadera satisfacción:

“Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.

– ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.
– Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.

-¿Qué estáis haciendo? – les pregunta.
– Estamos buscando la llave de Nasrudín.

Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar. Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:

– Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
– No, dice Nasrudín
– ¿dónde la perdiste, pues?
– Allí, en mi casa.
– Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
– Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura!”

Quizá es que no estamos buscando en el lugar adecuado. Nos han enseñado (padres, amigos, entorno) qué nos hace felices. Nos dicen “esto es bueno, esto no”. Pero, aunque son consejos bien intencionados, olvidan que cada uno es diferente, que no somos ellos, que cada ser viene a este mundo para aportar algo nuevo, no para repetir patrones. Por tanto la búsqueda no debe hacerse allá donde nos hayan dicho, o dónde nos sea más fácil (o donde haya luz, como en el cuento).

Esta búsqueda incesante cotidiana e insatisfactoria provoca gran sufrimiento a las personas. “Yo solo quiero ser feliz” me dicen. Buscan en una pareja que les atormenta, a veces lo buscan a través de sus hijos o de su trabajo.

Todo el mundo busca cómo ser feliz o cómo sufrir lo menos posible. Pero sus búsquedas son infructuosas. Y los pequeños reportes de felicidad que consiguen se desvanecen rápido. Incluso veo cómo socialmente está aceptado que sea así. Pero nada más lejos de la realidad.

A través de la psicoterapia las personas pueden encontrar cual es su verdadera necesidad y centrarse en hacer aquello que de verdad les llena. A veces está delante de uno mismo y se niegan a verlo porque contradice sus creencias y años de persuasión. Pero ahí está, a nuestro alcance.

Tan extraño suena el que uno pueda ser feliz que parece un mito. A veces las personas creen que la psicoterapia (o acudir a consulta) tiene que ver con traumas graves, dicen “que mal tiene que estar para ir al psicólogo o hacer terapia”… En realidad hablan con desconocimiento y un cinismo aprendido. La psicoterapia y la terapia corporal tiene como objetivo el fin más simple de todos: abrir las puertas de la verdadera felicidad.

  • Primera publicación: el 22 de noviembre de 2010
  • Segunda publicación: el 17 de Julio de 2011
Manuel Cuesta
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