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Creencias, fidelidades y cifras

La predilección por las cifras de los adultos

Las personas mayores aman las cifras. Cuando ustedes les hablan dé un nuevo amigo, nunca preguntarán lo esencial. Nunca dirán: “¿Cómo es su timbre de voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?” En cambio preguntarán: “¿Cuántos años tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Sólo entonces creen conocerlo. Si ustedes dicen a las personas mayores: “He visto una bella casa de ladrillos rojos, con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no llegarán a imaginarse la casa. Habrá que decirles: “He visto una casa de cien mil francos.” Entonces exclamarán: “¡Qué belleza!”

Así, si ustedes les dicen: “La prueba de que el principito existió es que era maravilloso, que reía, y que quería una oveja. Cuando uno quiere una oveja es prueba de que uno existe”, se encogerán de hombros y los tratarán como a niños. Pero si ustedes les dicen: “El planeta de donde venía es el asteroide B 612”, entonces quedarán convencidos y los dejarán tranquilos con sus preguntas. Así son ellos. No debemos odiarlos. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

Extracto de “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry

En qué cosas nos fijamos para comprender la realidad que nos rodea? Cuales son las cosas a las que les damos valor? Observa como es posible que des más valor a determinados gestos, sentimientos, etc. Fíjate ahora como a aquellos gestos que no se corresponde con lo que esperas o estas acostumbrado, les prestas menos atención o incluso los desvalorizas. En tal caso aparecen algunas cuestiones que pueden ser importantes. Una de ellas es, de dónde vienen tus preferencias? Acaso tus padres, o en tu seno familiar, se compartían esas creencias? Te has planteado si son genuinamente tuyas? Las compartías de pequeño o fueron imponiéndole poco a poco? Cómo serias tu sí te abrieras a poder experimentar más allá de esas creencias, que, a menudo, se convierten en limitaciones? Quizá puedas observar entonces que algo tendrán que ver con una fidelidad al entorno, un “no ser distinto”, un encajar, porque quedarse sólo sería demasiado doloroso, y que todo esto esta tan automatizado que nos pasa desapercibido.

De ser así, mi pregunta es: cuánta realidad nos estamos perdiendo? Y, otra cuestión sería que, si ese sistema de creencias, esas preferencias, están si cuestionar… No seré yo mismo más manipulable? Presta atención al siguiente ejemplo: vamos unos años más atrás, sobre el 2004 o 2005. Pleno auge de la construcción. Recuerdas que se decía entonces sobre alquilar un piso? Mi carácter es fuerte, pero creo que hubiese sido difícil, aún para mi y de haber tenido un trabajo estable, no haberme embarcado en la compra de un piso, porque todo el mundo me decía que el alquiler era tirar el dinero. Era lo habitual, era incontestable, era una apuesta segura. Era la creencia del momento y nuestra costumbre neurótica es no analizar, cuestionar, las creencias. Y la presión del entorno (de niño es la familia, posteriormente el colegio y más adelante el conjunto de la sociedad) se encarga de que eso sea así.

Llevándolo a lo cotidiano, porque no empezar por cosas más sencillas y simples? Puedes preguntarte, por ejemplo, como te gustan las caricias. A mi me gustaban fuertes, hasta que decidí empezar a sentir como serían las caricias suaves. Ahí descubrí muchos aspectos nuevos de mi, porque, por lo general, todas estas cosas están asociadas a muchas emociones no reconocidas, ese es el tema en realidad. Pero sigamos. Si te gustan las caricias en el muslo pero no en la cara, prueba a ver como serían esas caricias en el rostro, dejándote sentir lo que ocurre, dejando de lado el pensamiento de “no me gustan las caricias en la cara”. Para conseguirlo es más sencillo si te centras en tu respiración y te permites sentir lo que ocurra. Puedes probar esto con decenas de cosas, como la ruta que haces para ir al trabajo, bañarte en la playa cuando está el agua fría, ponerte la camiseta que te gusta pero te da vergüenza… Prueba, experimenta… Qué es sino la vida?

Las creencias que no se cuestionan son barrotes de una jaula emocional. Esos barrotes no están en los niños. Hacen que la vida cotidiana este bajo una falsa ilusión de control. Y realizamos un gran esfuerzo por mantener ese control aparentemente natural. Pero hay momentos en los que la vida nos ayuda poniendo delante situaciones que nos sobrepasan, que ponente de manifiesto que ese control era una ficción, y aparecen entonces el miedo, la ansiedad, la inseguridad… Los fantasmas que en su momento no reparamos y que barrimos debajo de la manta porque no teníamos otro recurso. Ya no sirven las frases de autonconvencimiento, ya no sirve nuestra rutina, algo se ha resquebrajado. A esta crisis personal uno puede darle la importancia debida y dejarse acompañar por un terapeuta, o poner más esfuerzo aún en hacer ver que no pasa nada (como la sociedad propone).

En algún momento, esta forma automática de actuar y tan inconsciente, se nos revela, se nos pone delante, y es entonces cuando ya no tenemos excusa, cuando pasamos de ser pasivos, meros supervivientes a darnos la oportunidad de elegir.

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
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