Simplificación y feminismo

Sobre el problema de la simplificación, en este caso entorno al feminismo. Cito:

“Las mujeres aymaras, quechuas, mayas… de América latina, reconocen que en su lucha deben encarar no sólo al patriarcado, sino a un sistema colonialista, capitalista, clasista, sexista, racista…Un sistema que engloba todas las opresiones, violencias, discriminaciones, que viven no solo las personas, sino también la «pacha». Aunque son conscientes de que todo este sistema está construido sobre el cuerpo de las mujeres, saben que no pueden confrontar todo esto desde la individualidad, sino desde la comunidad.

La identidad femenina se construye desde la comunidad, la familia, la prole, las relaciones que se dan en el mundo laboral, etc. La autodeterminación se genera en y desde el colectivo. Explica la antropóloga Mercedes Olivera: «No se trata de anular el individuo, sino que se reconozca que el colectivo está hecho de diferentes personas.

La individualización implica este reconocimiento colectivo de la existencia de lo individual. No se pueden hacer colectivos si no hay este reconocimiento y respeto a las autodeterminaciones. También se trata de llegar a la autodeterminación, pero que se genere en colectivo».

Que no parta «de la anulación y aniquilación de la otredad» como exige la politóloga Sirin Adlbi en «Hacia una verdadera liberación de las mujeres musulmanas»: «Y si decidimos que dicho lugar tenga por nombre, fondo y forma el islam, pues así será y tendremos todo el derecho y la legitimidad de hacerlo. Y nadie, ni nada, por mucha manipulación, bombas, sangre y opresión enmascaradas en discursos desarrollistas, feministas, democratizadores, derechohumanistas o anti-terroristas, que practiquen y violenten contra nosotras, podrá parar entonces, inshaLlah, un movimiento propio de verdadera liberación, anticapitalista, anti-sexista, anti-patriarcal, antirracista, anti-clasista y anticolonial, que generará, exigirá e impondrá nuestra re-existencia y re-inserción de los expulsados presentes y futuros».

«Sí que existen diferencias muy reales de raza, edad y sexo entre nosotras» explica Audre Lorde en Sister Outsider: «Pero estas diferencias entre nosotras no son lo que nos separa, sino el que nos neguemos a reconocer estas diferencias y a examinar las distorsiones que resultan de identificarlas mal y los efectos que ello tiene para la conducta y las experiencias humanas. El racismo es la creencia en la superioridad inherente de una raza sobre todas las demás y el consecuente derecho a dominar. El sexismo es la creencia en la superioridad inherente de un sexo sobre el otro y el derecho a dominar. Lo mismo se aplica al heterosexismo, el clasismo, el elitismo…»

Desde la antropología, como señala la antropóloga Britt-Marie Thurén en su escrito Del sexo al género, hay que evitar un relativismo paralizador del «todo vale» (antropología sin motivación política) y nuevas formas de etnocentrismo (feminismo occidental sin conciencia antropológica). Ampliar las áreas de interés e ir más allá del modelo de opresión masculina de la mujer, a través de análisis cuidadosos y profundos sobre los factores específicos históricos, políticos y socioeconómicos y entender sensiblemente las percepciones de las mujeres en todos los rincones del planeta.

Y dejar de preguntarnos si tal o cual rito, tal o cual religión, tal o cual costumbre…, es compatible con el feminismo, y cuestionarnos, primero, de qué feminismo hablamos, y segundo, si ese feminismo es compatible con toda esa heterogeneidad.”

Texto citado del libro de Noemi Villaverde en “Una antropóloga en la luna”. Editorial Oberon

Manuel Cuesta Duarte
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