La Hora de la Verdad

El Día de los Muertos, el Día de todos los Santos, es una celebración que siempre viví desde niño como sombría. En los cementerios veía en su mayoría a personas mayores. Los rostros eran de pesadumbre. Como si querer a los muertos fuera mostrarles continuamente aflicción. Ese aprendizaje cultural, esa mirada convencional hacia la muerte, no ayuda. Creo que honrarles es tomar plenamente la vida que nos dieron. Y que, quedarse en ese lamento seco bloquea el proceso natural del duelo.

De tantas definiciones, dichos y creencias alrededor de la muerte, la que más me sirve a mi es la que escuché de crío en un western clásico: “Ha llegado tu hora de la verdad” le decía el bueno al malo. La hora de la Verdad. 

La muerte no sabemos qué es. Pero si podemos saber, intuir bastante bien, que frente a la muerte de nada sirven las corazas. Es en ese momento cuándo los rencores se vuelven absurdos, cuando los miedos se entienden anacrónicos, cuando aparecen los remordimientos sobre si aquello que hicimos durante esa vida recibida fue corazón o no. 

Ante la muerte sabemos con certeza, como si mirademos un espejo, si hicimos lo que tocaba o permanecimos desconectados. Dicen quienes han pasado tiempo con murientes y enfermos terminales que lo que más lamentan las personas cuando llegan a la Hora de la Verdad es no haber amado la vida lo suficiente, haberse dejado pasar el tiempo en trabajos sin motivación, el haber alargado discusiones y enemistades, el no haber mostrado o desarrollado sus dones, el no haber perdonado ni haber pedido perdón.

Parece que el peor equipaje para ante ese umbral es llevar la culpa de haber preferido la razón a la paz, la comodidad a la entrega, la supervivencia a la creatividad, el odio y la venganza a la humildad y la alegría, el egoísmo y la competitividad a la generosidad y la colaboración. 

Decía Carlos Castaneda:

“Manten cerca a la muerte, pues tu mejor compañera”. 

La muerte es la gran maestra. Milarepa, el gran maestro del s.XIX dijo:

 “Vive y muere sin remordimientos”. 

No es tarea fácil vivir sabiéndose mortal. Y no hay tarea más básica, más cercana, más mundana, más sagrada, más amorosa, más necesaria.

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