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Kintsugi, el arte japonés que honra la herida

Nosotros, como seres vivos, mutamos, cambiamos, y somos permeables a lo que la vida acontece. Nuestras risas y decepciones, la alegría y el dolor, dejan sus marcas en nuestro rostro, cuerpo y psique. Y, en una sociedad que busca esconder el paso del tiempo, donde los móviles llevan incorporado el “efecto belleza” para selfies que convierte la piel viva en una pátina de porcelana imperturbada, un arte que honra y reconoce la herida como sagrado parece anacrónico.

El Kintsugi (o Kintsukuroi), ese arte japonés con más de 600 años de tradición, entiende que cuando un objeto se rompe, deja por un instante de ser ese objeto, pierde algo intrínseco a él, se desdibuja su identidad, incluso la pierde. Ya no sirve para lo que servía. Pero se puede recomponer. Y este arte no utiliza un pegamento invisible para que parezca que no ha pasado nada. Todo lo contrario. No se avergüenza de su historia. Pinta las grietas con polvo de oro. El objeto vuelve a serlo pero ocurre algo mágico, es un objeto que honra su historia, que dignifica su propia biografía, que es capaz de entender que su pasado es su patrimonio y lo muestra, como un anciano que se sabe veterano y ve en los surcos de su rostro no defectos o decadencia sino miles de historias que, al acogerlas con aceptación, le ennoblecen.

Una paciente me expresaba las ganas que tenía de volver a como estaba antes de su crisis personal. -Nunca volverás a ser la misma. Le dije. -Seras una nueva persona, aquella que ha aprendido a traspasar una crisis. Tendrás un nuevo bagaje, una nueva madurez, un nuevo enfoque de la vida y nuevas arrugas por las noches lloradas.

En mi caso, tengo claro que, aún habiendo vivido momentos duros y de sufrimiento, no sólo no cambiaria ni un sólo instante de mi vida, sino que cada vez la aprecio más, le puedo reconocer su valor. Todo lo vivido esta en mi instante, no podria despreciar un solo fragmento de mi historia sin despreciarme a mi por completo. Mirar mi propia historia, mis surcos, mis cicatrices con gentileza ese es mi polvo de oro.

Se habla que Kintsugi está relacionado con la resilencia, con esa capacidad que tenemos de salir adelante, sin y con ayuda, de las situaciones de dificultad que la vida nos ofrece. Pero se me antoja que más aún tiene relación con la compasión. La compasión hacia ese objeto que se rompió y que uno curó aportándole mayor grandeza y vida. Llámese objeto, llámese corazón, alma, o “yo”. Y eso, para mi, es la terapia. La buena Terapia.

Por cierto, una anécdota: Me gustó tanto este concepto que compré em dominio, y si escribes en el buscador www.Kintsugi.es te llevará a esta misma web.

Manuel Cuesta

Manuel Cuesta, terapeuta para adultos, parejas y adolescentes con consulta en Barcelona. Colaborador habitual de Cherif Chalakani en España y Mexico, en trabajos de relaciones parentales y psicoterapia transpersonal; conduce grupos de terapia y talleres, combinando la terapia gestalt con la terapia corporal. Es instructor de meditación budista tibetana, y es colaborador y docente del Espai Gestalt y del Espai TCI. Colaborador tambien en Alas Barcelona, centro dirigido por Andrés Waskman. Si estás interesada/o en solicitar consulta puedes llamar o escribir al 668881268 o bien usando el formulario que encontrarás haciendo click aquí
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