Infancia y realidad

Lo que ocurre en la infancia tiene una dimensión trascendental que no sólo afecta a cómo somos, sino a cómo percibimos la realidad, nuestro cuerpo, la vida, Dios, el mundo… afecta de forma profunda a todas nuestras relaciones. Aquello que quedó pendiente en la infancia buscará la manera de concluirse, sea como sea pero buscando evitar que se repita el dolor, algo imposible. Tanto el bien como el daño recibido en la infancia será el que luego devolvamos al mundo. Es nuestra tarea recuperar el niño/a que somos, afrontar el dolor pendiente, la rabia, y luego la compasión para poder crear un nuevo presente. Poder ofrecernos ser padres y madres de nosotros mismos no como aprendimos, sino como necesitamos. Esta es nuestra responsabilidad. Pasa por soltar la demanda y la esperanza. Y lleva tiempo.

Últimas entradas de Ana Domingo (ver todo)