Exigencia y autorregulación

Algunas personas viven una tiranía de exigencia constantes. Capaces de convertir las sesiones de meditación, de terapia, de ocio en una tarea más. En consulta tengo especial cuidado con las personas que son muy buenos pacientes, muy trabajadores, que se esfuerzan mucho. A veces copian mi lenguaje, tratan de caerme bien, de decirme lo que creen que espero de ellos. Y noto cómo se van frustrando a medida que no lo consiguen, que les cambio el paso, o les descubro (con cuidado, y humor si es posible) el pastel y les dejo ver que comprendo lo delicado que es llevar su atención de afuera hacia ellos mismos. Esto es un reto porque temen no encontrar nadie en casa. Cuando empiezan a hacerlo, aparecen momentos de vacío, de mucho miedo y de incertidumbre. Como si se les abriera el suelo bajo sus pies, me cuentan. Y por eso es necesario hacerlo poco a poco. Porque… cuánta soledad hay cuando hacemos tanto! Y digo también porque yo me incluyo en el gremio de los hacedores. Aunque no soy del perfil que he descrito, a todos nos cuesta parar. Pero cuando alguien ha dedicado su vida a que le valoren, a depender de la mirada externa, el parar y dejar esa seducción continua, implica algo más que el desamor, se percibe como una cuestión de vida o muerte. 

A medida que pasan los años, a medida que voy haciendo pasos en mi proceso, y a medida que veo a más y más personas, banalizo menos sobre las dificultades de cada quien. Los que han leído o trabajado en algún momento con el eneagrama, pueden caer (como yo lo hice, claro) en la tentación de sentirse con la fórmula mágica para identificar cualquier problema y darle una explicación. Ocurre que resolverlo no tiene tan fácil respuesta y que aunque el ego pueda tener máscaras parecidas, los caminos de cada quien para sanar su sesgo de percepción tiene que ver más con su propia esencia que no con su carácter. Hay mapas que sirven para identificar los rasgos, pero no he encontrado fórmulas fijas que sirvan para resolver los problemas de las personas. 

Si el ego es un automático, la solución sólo puede venir de la autorregulación. Y para eso, cuanto más a un lado aprenda a colocarme, mejor. Sin embargo, el consumismo se ha apoderado también de la terapia y en una sociedad donde nos educan para el consumo es normal que muchas personas acaben consumiendo terapia, meditación, masajes… y lo coloquen como una tarea más junto con el yoga, hacer dieta, ver vídeos “espirituales” en canales de youtube, mientras llevan a sus hijos a escuelas de educación libre, hacen formación, hacen dieta y una limpieza hepática, lanzan consignas que permitan concienciar a sus amigos en IG o FB y, por supuesto, con una sonrisa en la cara. Ahí, nosotros, los terapeutas, si amamos el oficio por encima del prestigio o cierta fama, nos toca revisar bien este tema. O nos mantenemos independientes o nos hacemos mainstream. O participamos del circo o seguimos con este oficio que tiene más de orfebre que de empresario que ha sido engullido por su propio personaje.

Últimas entradas de Ana Domingo (ver todo)