Ego e infinito

El ego es lo único que conozco que busca permanecer inalterado. Todo lo demás, todo, muta, cambia, se desgasta, se transforma, perece, amanece…  pero el ego anda siempre con lo mismo, cambiando de traje para parecer que sí, pero no. Descubrir sus vestimentas para mirarlo cara a cara. Es eso un gesto heroico, ¿o no? Yo creo que sí y que ayuda a liberarnos. Que nos da un poco más de margen. Que aprieta menos. 

Creo que eso que nos hace sentir incómodos no es lo que pasa en sí, sino que eso que pasa nos confronta con un hacer donde el traje se nos queda pequeño. Es el traje lo que incomoda, no la situación. Para mí eso, hace un tiempo, eran las caricias, por ejemplo. No las soportaba. Tenia dos opciones, o cambiar de pareja o cortarle una manga al traje.

Dicen, los que han llegado ahí, a desidentificarse de las vestimentas, que detrás de esa fina capa neurótica que llamamos “yo” (que a saber lo que es), se haya el infinito. No me digas que no es bonito eso.  

  • El dibujo es del gran Jean Giraud (Moebius).
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