Anguita, un grande

Ha muerto un grande.

Toca a las hijas e hijos tomar el relevo. Dar un paso. Ya no es tiempo de zascas ni cabreos. Los hechos son necesarios pero, lamentablemente no son suficientes. Hacen falta voces que traigan calma y sostén a una población saturada y más asustadiza de lo que parece. Voces que lleguen con temple y mesura, sostenidas en los hechos, pero sin olvidar las formas. Julio Anguita era capaz de combatir la falacia sin elevar la voz. Es un arte necesario que urge recuperar. Quizá en los formatos de hoy en día… quién sabe. Pero hay personas que pueden ocupar ese lugar. Mi mirada sobre Anguita se fue transformando con los años. Al principio hice mío lo que en casa se decía de él: mal genio, prepotente y un agorero, que frenaba el progreso. Los socialistas, en aquel entonces, eran el futuro. La foto de González con Khol, parecía que nos ponía a la altura de los alemanes y Anguita, con su crítica, era un lastre. El tiempo le dió la razón y tras la crisis de 2009 surgieron vídeos suyos de los 90 donde parecía profetizar lo que iba a suceder. Pero para rebajar la magia y volver a la responsabilidad de cada quien, él respondía que “No es brujería. Hay que informarse bien y leer mucho. Simplemente”. Es un mal momento para que mueran los sabios. Y un buen momento para que de el paso la siguiente generación. Y digo, de paso, que la terapia, que los terapeutas no podemos seguir fingiendo ser apolíticos. Nunca la gestalt (la de verdad, la que nació del atrevimiento) fue apolítica, nunca trabajar para el beneficio de todos puede serlo.

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