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Andre Agassi, el éxito en el infierno

Recuerdo que un niño en el colegio llegó con unas bambas nuevas (por entonces eso era lo más). Eran unas Nike muy coloridas. “Son las Agassi”, me dijo. No tenia ni idea de quién era ese tal Andre Agassi. Poco después, y gracias a la afición de mi abuela por el tenis, le conocí. Hace poco se publicó su biografía “Open”. Aquel hombre que todo el mundo admiraba, todo en él parecía perfecto, dos años numero uno de la ATP, decenas de titulos, simpático, guapo, pelazo, una mujer estupenda… y resulta que él odiaba su vida, odiaba el tenis, llevaba años jugando con peluca, era todo una farsa. Fue un niño bueno que quería cumplir los sueños de su papá. Se esforzó por conseguirlo y lo logró. Siguió la receta que le habían dado, le prometieron que le haría feliz, pero cuando lo consiguió se sintió vacío. Cada nuevo logro, cada nuevo fan, le hacía aumentar más esa sensación de que todo era una farsa.

Al perder la motivación por completo, tras una derrota épica con Pete Sampras, llegaron las drogas. De ese infierno, de la desesperación, cuando tocó fondo finalmente, cuando ya no podía caer más bajo, algo cambió. Tuvo la fuerza y el valor para hacer algo que no habia hecho nunca antes: tomó una decisión. No importa cual fuera. Fue quizá la primera decisión que tomaba por él mismo. Supo, quizá por primera vez, lo que él de verdad quería, sin importarle las miradas de los otros. Ya estaba muerto, había perdido la esperanza. Y es en la desesperanza muchas veces que uno se encuentra, por fin.

Y eligió el tenis. Esta vez por él mismo. Y eso lo cambió todo. Ganó el Roland Garros, el único que le faltaba, y esta vez sonreía de verdad. Sólo él conoce su infierno y por lo que pasó. Sólo él sabe cómo es salir de ahí y el valor que eso tiene.

Manuel Cuesta Duarte
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