
No me preocupan ni Trump ni Ayuso
Tiempo de lectura: < 1 minutoNo me preocupan Trump ni Ayuso. Ellos no fabrican el fascismo, el fascismo les fábrica a ellos.
El problema no es el tirano. El tirano es solo el síntoma. El problema es el desamparo estructural que lo hace necesario.
Cuando desaparece la comunidad como tejido que da sentido, pertenencia y sostén, el individuo queda solo frente al abismo. Sin red, sin referencias colectivas, sin espacios donde desarrollarse más allá de la familia nuclear. Y el vacío que aparece es insostenible: no tenemos conducta para ese nivel de soledad, no sabemos cómo sostener conflictos estructurales que requieren cambio colectivo.
Ahí es donde el tirano cumple su función: simplifica. Ofrece un enemigo claro, un relato limpio, una autoridad que nos libera de la angustia de decidir. Deponer la responsabilidad en él apacigua. Y el enfado, la violencia, permiten sentirse poderoso en lugar de sentir el miedo. Alivia.
Dejad de llamar estúpidos a los fascistas. El fascista es la respuesta lógica de un cuerpo desbordado que no encuentra comunidad donde sostenerse.
El fascismo no nace a causa de un líder fálico. Nace del individuo aislado, criado en familias que aislan nuestras vinculaciones afectivas con otros, sin tribu, sin red, sin otros adultos, otros sistemas y otros universos que relativicen aquello que vivimos en casa.
Mientras sigamos criando en soledad, mientras sigamos destruyendo los tejidos comunitarios, seguirá habiendo gente desesperada buscando una figura que emerja como valor único y que indique cuál es el camino.
El problema no es el tirano de turno. El problema es que lo necesitamos. Y eso no se arregla con votos. Se arregla reconstruyendo comunidad y cuestionando la familia nuclear.

