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La amabilidad intrépida contra el odio

Tiempo de lectura: 2 minutos

Seamos amables, sin caer en el buenísmo. No la amabilidad superficial del “hola” en el ascensor o al tendero. Eso está bien, pero no es a lo que me refiero. Me refiero a una amabilidad que viene de la bondad valiente, firme y bien posicionada, capaz de ver que detrás del grito y del odio suele haber miedo, represión, agotamiento y sensación de no tener salida.

Ser amable no justifica nada. Sino ayuda a no responder desde la ira, aumentando el odio y aumentando la polarización.

No se trata de no discutir, sino de no ir con prisa, no quedarse en el contenido y ver lo que subyace.

Ser amable es no tomárselo como algo personal, sostener límites claros y hablar desde la compasión sin dejar de señalar lo que es inaceptable, como deshumanizar a personas y colectivos, ignorar la opresión estructural o el cambio climático. La amabilidad no es equidistancia o evitar el conflicto, sino comprender el dolor que hay detrás del odio.

Cuando se habla de polarización, caemos en analizarlo por el contenido.

No es polaridad fascismo-antifascismo, sino fascismo-neutralidad. Quienes tienen el poder buscan la falsa equivalencia y buscan crear debates donde los puede haber.

La irascibilidad, el enojo, da a entender al oyente que el argumento de la extrema derecha es válido, al tiempo que le otorga poder al percibir debilidad en la persona que se altera. Yo me he equivocado toda la vida en con esto.

La polarización se refuerza no tanto por el contenido sino por la forma. Se radicalizan las posiciones cuando hay prisa y simplificación en la respuesta y cuando se responde con ira.

Cuando tu tío cuando habla de que las feministas ya no quieren tener hijos, puedes poner curiosidad ahí más que ofenderte. Porque seguramente no está hablando de ti. Pregunta a qué se refiere. En qué casos concretos. Muchas veces, si la conversación la mantienes con firmeza y afecto, ocurre que el tono cambia y empezará a hablar de vivencias personales que ha tenido y que no ha sabido colocar. Y escuchar, con comprensión, en si mismo aporta más que mil argumentos lógicos y coherentes.

Recuperemos la amabilidad intrépida como un aspecto de nuestra fuerza.

Manuel Cuesta Duarte manuelcuesta@paziencia.com

Manuel Cuesta, soy terapeuta gestalt con consulta en Cardedeu (Barcelona) y online. Dirijo Paziencia desde 2010. Ofrezco acompañamiento en terapia individual y supervisión de terapeutas. Autor de "La venganza del niño interior" (Editorial Plataforma, 2025). Imparto talleres a grupos y he colaborado con múltiples escuelas de formación terapéutica en diferentes países.

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