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Las navidades: de los duelos o el exceso al sentido de regalar.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Las navidades son complejas. Pasan muchas cosas. Decir que te gustan o no, no aporta mucho.

Para muchos son vacaciones, y no es fácil vivirlas porque parar, hacer algo distinto a lo que nos hemos acostumbrado tantas horas y tantos días del año, no es fácil por más que las deseemos. Porque parar no es fácil. Amabilidad en esto.

Como son fechas de muchos encuentros familiares, ocurre también que aparecen, entre otras cosas, los duelos y los recuerdos de las personas que ya no están.

También aparecen los recuerdos de infancia, y no siempre fue bueno. Muchas comparaciones, comportamientos extraños, manipulaciones, estrés… Y una oportunidad para habitar el adulto que eres.

Las navidades son un rito de paso, es el solsticio de invierno que da paso a una nueva luz. Los días se alargarán. Igual que el día más largo del año da paso a un tiempo de más oscuridad, reflexión, intimidad, recogimiento… El nacimiento de Jesús es símbolo de apertura, de ir hacia afuera, del encuentro con el otro no para reclamar sino para dar, inicia el tiempo de abrir puertas y ventanas, compartir lo comprendido. Ese ir hacia fuera más que mostrarse es ofrecerse. Los Reyes Magos enseñan eso, a ofrendar.

A veces olvidamos que vivir estos ritos es fundamental para que no se nos escurran los años como arena entre los dedos.

También está el consumismo, es cierto. Y es que toda celebración tiene su parte también de locura. Pero el que sea una huida es cosa tuya.

En muchos rituales uno se viste distinto, canta, decora el entorno y hace algo diferente a lo habitual, y también se fomenta el exceso. Las navidades son excesivas (como el carnaval, como una boda, como la noche de las hogueras…).

El exceso cuando no es huida ni agresión es un símbolo de la abundancia y actúa como recordatorio de la importancia de compartir lo que uno tiene. Vivir es compartir.

Otro elemento es la hospitalidad, tan olvidada. La mujer que acoge a las dos personas desahuciadas en Badalona no debería ser noticia. Pero lo es. La hospitalidad se ha vuelto extraña.

Los regalos representan el ofrendar y el saber ver al otro. Por eso no se regala algo útil, sino algo que expresa «te veo».

Porque en ese acto se esconde también la importancia vital de amar. Es tanto o más fuerte nuestra necesidad de amar que la de recibir amor. Esto lo tenemos muy confundido. Y este tiempo busca resaltar esto. Los Reyes Magos regalan oro, incienso y mirra, porque ven y comprenden a Jesús. Los regalos en Navidad y Reyes representan ese saber ver al otro.

Los ritos de paso nunca son individuales sino colectivos. Implican madurar y ubicarse en su lugar en la familia y el mundo. Un paso más en soltar la demanda y asumir.

Si vas a casa de tus padres o suegros, debes saber tu lugar. Desde ahí podrás disfrutar y abrir tu corazón. Al tiempo que te cuidas estás cuidando. Y eso no excluye, al revés, cómo vas aportando también a un ritual que se nutre con los años y las personas, que para que no sea solo tradición también debe mutar. El rito es colaborativo.

Si hay un duelo, date un tiempo para atenderlo. Ve al cementerio unos días antes, reza unas oraciones, atiende esa pérdida. No digas que son las navidades tristes. Habrá días o momentos tristes pero no lo son las navidades, sino el duelo de la persona que ya no está.

Ojo con la venganza que a veces toma forma de «viaje espiritual al desierto» justo por nochebuena. Sospechoso.

Si tu madre se desvive para la cena de nochebuena, no te quejes, agradece (aunque le cueste recibirlo, aunque te parezca machista) y si puedes estar desde el principio con ella, mejor. Todos lo llevamos como podemos. Todos. No solo tú.

Si no quieres cargarte tanto y descansar más estos días, y dejas de ir a algunos de los encuentros, ojalá lo puedas expresar con cariño y firmeza. Quizá algunas personas puedan no comprenderlo. Sabrás si lo haces resentido o con aprecio.

Que el ritual de estas navidades sea un paso en tu compromiso con el otro, con la comunidad, con hacer que no solo tú, sino las personas de tu entorno, puedan estar algo mejor.

Feliz nochebuena.

Manuel Cuesta Duarte manuelcuesta@paziencia.com

Manuel Cuesta, soy terapeuta gestalt con consulta en Cardedeu (Barcelona) y online. Dirijo Paziencia desde 2010. Ofrezco acompañamiento en terapia individual y supervisión de terapeutas. Autor de "La venganza del niño interior" (Editorial Plataforma, 2025). Imparto talleres a grupos y he colaborado con múltiples escuelas de formación terapéutica en diferentes países.

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