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Will Smith, Chris Rock y la salud mental.

Mi opinión, como todas, está basada por un lado en mi experiencia profesional, en lo que he ido viendo, pero no esta exenta de prejuicios y de meras hipótesis. Opinar sobre un tema así suele decir más del que argumenta que del personaje al que se alude. Seguro que mi texto habla más de mí que de Will Smith, y con eso voy.

No creo que haya mucha gente que tenga 8 nominaciones a los Grammy, unas cuantas a los Emmy, a los MTV awards, 6 nominaciones a los Globos de Oro, y 3 nominaciones a los Oscar. Imagino que es fruto de talento, trabajo duro y atrevimiento. El tipo lleva, además, décadas con fundaciones de ayuda a los más necesitados. La caridad en EEUU, a diferencia de España, suple el estado del que carecen. Su sistema de salud y de servicios sociales es propio de un país en desarrollo y dependen en gran parte de donaciones.

Pero todo eso se esfumará por un único acto. Y no sentiremos remordimiento alguno. Podemos ser así de crueles. Esto es grave y forma parte del problema. Todo son juicios. Es un machista, un abusador, su matrimonio una farsa, un pésimo padre… Aquí nadie se ha preguntado qué narices le ha pasado. Nadie se pregunta. Todo son respuestas.

El actor se enroló en esa corriente tan popular de autosuperación y coaching que lleva a ir dando consejos por doquier. En Instagram aparecían con frecuencia entrevistas suyas lanzando consignas supuestamente motivacionales. Mi sensación al verle era de un hombre agotado que no podía fallar ni dejar de superarse, para el que nada era suficiente. Me daba la sensación que Will Smith se había puesto el mundo sobre sus hombros.

Ya había sido atacado de machista por algunos colectivos tras la declaración malinterpretada sobre su libro autobiográfico, donde hablaba de su padre y de la enorme confusión para un hijo que es «amar a tu padre y que este maltrate a tu madre». En ningún momento Smith justificaba el maltrato, pero no hubo compasión por parte de quien buscaba likes y visitas en sus blogs antes que atender la cosa con dignidad.

Yo no estaba al tanto que estaba nominado por interpretar al padre de las hermanas Williams, un papel complejo, ya que tenía similitudes con su propio padre. No debió ser una tarea fácil encarnarlo.

Cuando al día siguiente veo el tortazo que le dio a Chris Rock, de inmediato pensé: no, Will no está bien; y por la reacción de su mujer, es posible que ella tampoco. Un hombre con esa trayectoria, que se levante en medio de la gala más televisada del mundo a pegarle una bofetada al humorista que está presentándola, por imbécil que sea, frente a millones de personas, es cosa de alguien que está francamente afectado.

Pero… ¿Por qué llamarlo depresión, por ejemplo, cuando tienes el comodín del machismo? Hacerlo así ayuda, sin duda, a seguir mirando lejos de la cosa. Y cuando digo «cosa» quiero decir sufrimiento.

Roy Galán, uno de mis archienemigos, a las pocas horas ya daba lecciones de masculinidades y se apenaba de la herencia que Will estaba dejando a su hijo. Henar Álvarez lo definió como abuso de poder, decía que Will es el poderoso que se siente impune. Parece que no escuchó lo que el actor dijo y escribió después, y el que haya sido expulsado de la Academia de las Artes de los EEUU durante 10 años debe ser cosa de su impunidad. Otra vez mirando la forma, y ya les valía con eso.

El chiste de Rock es ofensivo y machista, igual que la forma en la que Will Smith actuó. La forma lo es, pero la forma no es la cosa. El machismo es la forma que adquiere la cosa a la hora de manifestarse. Creer que se puede reaccionar así, en ese contexto, sin tener en cuenta otras causas, es de un reduccionismo espantoso y habitual.

Cuando un hombre mata a su mujer y acto seguido se suicida, hay un trastorno psicológico grave que el machismo no explica. Cuando un tipo que lleva toda su vida hablando de amor y que la violencia nunca es la respuesta, se levanta y le da un tortazo a otro frente a millones, en uno de los momentos profesionales más importantes de su carrera poniéndola en jaque, algo pasa y el machismo no lo explica.

Algo pasa, y reducirlo a machismo me parece otra manera de invisibilizar las situaciones emocionales y psicológicas difíciles que sufrimos una inmensa mayoría de personas en algún momento de nuestra vida. Quien haya vivido una situación así sabe que lo necesita es comprensión y ayuda profesional y de su entorno. No hay otra forma. Pero esta gente, además, no vive una vida normal. Están expuestos a los idealismos y hachazos de medio planeta. Soy incapaz de imaginar el impacto de algo así.

En esta sociedad solemos usar a los otros para reafirmarnos en nuestras creencias y posicionarnos socialmente. No tenemos el hábito de una sincera reflexión. No lo hemos aprendido. Todo lo contrario.

Ante lo ocurrido me pregunto… ¿Qué agresión está más censurada?, ¿cuál es más dañina?, ¿la directa?, ¿la estratégica?, ¿la nuestra?, ¿la suya?, ¿la del humorista que insulta a Penélope y a Jada desde la impunidad de su escenario?… ¿Y quién habla del perdón y arrepentimiento que ha mostrado? «Will Smith está muy afectado por lo sucedido. Va a recibir ayuda en esta clínica de rehabilitación para lidiar con el estrés y la ansiedad generados por los Oscars 2022», contó una fuente cercana al actor a The Sun.

Para colmo, se ha hecho público que Chris Rock adolece de un tipo de autismo, un trastorno que le dificulta reconocer las reacciones emocionales en los demás.

No dejo de ver en ambos a personas en una situación frágil, muy maltratadas por una industria despiadada de la que somos cómplices y alentamos con nuestra celeridad a la hora de hablar y opinar de los otros. Tener una opinión rápida y cerrada sobre todas las cosas da caché, vende. A costa, claro, de la realidad, y donde los demás pasan a ser objetos.

Mientras tanto, también hablo de mí. De las palizas recibidas y que nadie me preguntase. Hablo de mi miedo a que por un error me señalen como el malo de la peli y todo se vaya al garete. Hablo de mi dolor por cuántas veces fui censurado por mi contundencia. Hablo de mi depresión y la incomprensión que sentí de mi entorno. Hablo de mi propia violencia y del miedo a la locura. Cada quien tendrá oportunidad de recordarse y proyectarse en los muchos personajes y matices de la historia.

Y me sabe mal que las voces llamadas feministas no contemplen la dimensión psicológica del tema. Es un ejemplo más de cuán lejos estamos de ponerle cariño y curiosidad a lo complejo de nuestro comportamiento. Seguimos lejos de reconocer el alcance de la «plaga emocional» que denunciaba W. Reich. Atender la salud mental y emocional o, como decía, no tener que responder inmediatamente, me parece feminismo. Simplificar, lanzarse al juicio con esa severidad que he visto y barrer para casa no me lo parece.

Manuel Cuesta Duarte manuelcuesta@paziencia.com

Manuel Cuesta, soy terapeuta gestalt con consulta en Granollers y online. Dirijo Paziencia desde 2010. Ofrezco acompañamiento en terapia individual y de pareja, dirijo grupos de supervisión para terapeutas y grupos de terapia. Colaborador de Cherif Chalakani desde hace 14 años. He sido docente del Proceso Hoffman en España, dirigido grupos de hombres en movimiento y colaborado con diferentes escuelas de formación Gestalt y corporal.

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