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Ubuntu, individualismo y algunas notas sobre la libertad

El sentido comunitario del yo

La antropóloga Noemí Villaverde explica: «Ubuntu es un término bantú. La palabra «Bantú» fue acuñada por el filólogo y antropólogo alemán Wilhelm Bleek para nombrar una cierta unidad lingüística de muchas lenguas africanas del sur del Sáhara, pero significa «gente» en algunos de estos idiomas. «Umuntu» significa «humanidad» entendida como «comunidad».

Desmond Tutu, recientemente fallecido, pertenecía al pueblo Xhosa, y el sentido que le daba venía del proverbio Xhosa: “Ubuntu ungamuntu ngabanye abantu”, lo cual se traduciría como “cada humanidad individual se expresa idealmente en la relación con los demás”, o “la persona depende de otras personas para ser persona”.

Habiendo una unidad lingüística comprobada entre los pueblos bantú, podríamos encontrar en casi todos estos pueblos, una expresión similar. Así por ejemplo, en zulu se dice: “umuntu ngumuntu ngabantu”; en mashi (lengua hablada en el este de la República Democrática del Congo) se dice: “O’muntu ajirwa n’owabo” (la persona se hace con el otro); en swahili (la primera lengua negroafricana y bantú que tiene más hablantes) se dice: “Mtu ni mtu kati ya watu” (la persona es persona en medio de [o en relación con] las personas).

El profesor congoleño de ciencias humanas Jean-Bosco Kakozi Kashindi explica que el famoso término ubuntu también se integra como modelo de justicia restaurativa.
«Esta humanidad igual en dignidad es la que fundamenta la justicia restaurativa» continúa Kakozi. «Porque cuando una persona ocasiona daño a otra, le afecta su dignidad o, “ubuntuísticamente” hablando, disminuye su fuerza. La reparación de ese acto consiste en la restauración de esa dignidad o de esa fuerza disminuida.»

Ubuntu vs. individualismo

La explicación de la autora de «Una antropóloga en la luna» sobre el sentido del yo compartido, en relación, es lo opuesto a lo que se favorece desde hace años en occidente: el individualismo.

El individualismo es una ideología que sigue calando en nuestra sociedad y está transformando aspectos relevantes de nuestra cultura. El sentido de lo comunitario, de la pertenencia, del éxito, de lo ético, etc. se están transformando y dotando de significados específicos. Desde el individualismo la libertad ha ido tomando el significado de «sin ataduras» o «sin límites», algo que nada tiene que ver con la libertad.

El individualismo es poco tolerante con el límite (y, por tanto, asume con dificultades la responsabilidad), se basa en una excesiva autorreferencia personal y se apoya en la creencia que los actos individuales no tienen o no es relavante su impacto en el entorno.

El individualismo como apología del narcisismo.

Desde el individualismo la verdad no puede ser asumida, sea cual sea la fuente, si viene de afuera. Deben generar por ellos mismos el conocimiento apelando a un razonamiento propio. Desde el individualismo la persona puede equiparar puntos de vista consensuados por la comunidad con el suyo particular. Para ello necesita cosificar al otro, transformándolo de sujeto a objeto.

Todos en cierta medida hacemos, lo de cosificar al otro, digo, especialmente cuando no comprendemos su postura. Es una defensa neurótica frente a la frustración. Y todos tenemos un menor o mayor grado de neurosis. Pero en el individualismo más agudo esto se da con más intensidad.

La conversación con un sujeto implicaría una relación de igual a igual, con límites, que obligarían a revisar y demarcarían su posición. Pero transformándo al otro en objeto, queda asegurado mantenerse en un lugar predominante. El otro pasará de ser una persona con un criterio razonado y con el mismo grado de libertad y responsabilidad, a un borrego, un analfabeto, un zombie… o cualquier adjetivo que reduzca su valor de persona a cosa.

Por qué llamarlo narcisismo cuando puedo llamarlo libertad

El individualismo mantiene una disposición egoísta y narcisista a la que llama libertad. Rachaza aceptar las consecuencias de sus acciones, incluso niega que las haya. Se antepone al otro, ya que parte de la creencia que la sociedad se construye desde el individuo. Y no alrevés.

El individualismo viene muy influenciado por el sistema económico en el que se desarrolla. En nuestra cultura la influencia del neoliberalismo económico y la mal llamada economía de libre mercado influyen especialmente en su formación y normalización. El individualismo implica clasismo y una negación del privilegio.

Las ideologías suelen alejarse de lo instintivo, de lo cotidiano, de lo simbólico, de lo colaborativo, y también del bien común. Las ideologías suelen darse más por lo que rechazan que por lo que crean. El individualismo rechaza el límite, lo señala como negativo, y apela al egoísmo, que llamará libertad, como su antídoto.

Pero hablar sobre la libertad no es una cuestión sencilla, y por eso me parece más sensato recurrir a los sabios. En los siguientes párrafos me apoyo en este texto sobre los dos aspectos de la libertad en base a la teoría del filósofo Gustavo Bueno.

Gustavo Bueno

Los dos aspectos de la libertad, según Gustavo Bueno

Gustavo Bueno ha denominado en «El sentido de la vida» dos aspectos de la libertad. La «libertad de…» y «libertad para…». La libertad «de» es una libertad puramente negativa, que busca o argumenta una supuesta ausencia de trabas para realizar una actividad: ese sentido es el que recogen quienes hoy se autodenominan «liberales» o anarcoliberales (o neoliberales): quieren libertad «de» comercio, pero para ello consideran que es necesario eliminar los límites (que ellos llamaran trabas) que imponen los estados.

Este modelo se extrapola al hacer cotidiano, dado que la sociedad gira entorno de estos principios de productividad y crecimiento económico continuos. Heredamos pues sus mismos valores y estructura de pensamiento. Aparecen así creencias como que alcanzar una individualidad bien definida implica un cierto grado de madurez y de realización. Podríamos decir aquí que el padre simbólico no está integrado, sino que aparece en competencia y desconfianza.

Pero esta libertad «de», explica Bueno, necesita de la libertad «para», esto es, de una libertad positiva: de nada me sirve disponer de libertad «de» expresión si no dispongo de libertad «para» expresarme, es decir, de un medio de comunicación donde poder difundir mis ideas; no puedo disponer de libertad «de» pensamiento si ignoro los contenidos de los saberes científicos o políticos, sea capaz de comprender la complejidad de la realidad, para que hagan que mi opinión sea coherente.

La libertad humana sólo puede realizarse como sujeto, es decir, dentro de la Ética, y cuyas acciones han de regirse primariamente por las virtudes de la generosidad y la firmeza. Un sujeto será libre no por la mera ausencia de limites (trabas, dirán) para actuar, sino en tanto que puede causar algún efecto positivo para el conjunto, dentro de un ecosistema de seres sintientes, quienes a su vez pueden actuar sobre mí.

Es completamente ilusorio definir la libertad por aquello que puedo hacer sin interferir en la vida de los demás (como si fuera la armonía preestablecida postulada por Leibniz), puesto que constantemente estamos interfiriendo en la vida de los otros. Esto es así siempre.

No hay libertad individual, sino responsabilidad colectiva. La mirada gestáltica.

Las llamadas libertades individuales que derivan de los derechos y obligaciones personales son posibles porque se basan en los derechos colectivos y se ubican en el entorno del bien común. Es decir que esa libertad es en realidad una responsabilidad colectiva. No hay un yo aislado, esto es una ilusión. La experiencia se da en la frontera, en un límite orgánico, un movimiento constante que aparece entre el organismo y el entorno.

Hay algo vengativo ahí, cuando decimos «yo me valgo sólo conmigo». No deja de ser un rechazo, una agresión, no sólo a uno mismo sino al otro, claro.

La terapia gestalt atiende esta cuestión de forma prioritaria, pues lo organísmico siempre es colectivo y la percepción de un yo aislado es fruto de un desorden que requiere ser atendido. Es decir, desde la gestalt buscamos atender una experiencia unificada, no sólo con las partes de uno, sino comprendiendo que somos parte de un entorno, de un organismo mayor. Lo habitual es describirnos por separadao, como partes aislada de uno mismo y del entorno. Y esto genera incoherencia, sufrimiento.

Para comprender bien esto, vamos a necesitar ir más allá incluso (esto es una indicación para los terapeutas, no para el paciente) del campo organismo/entorno.

Dicen Perls, Hefferline y Goodman: «la piel sensible no es tanto una parte del organismo, es sobre todo el órgano de una relación concreta entre el organismo y el entorno.» Se podría decir que ni tan siquiera la piel (nuestro órgano más extendido) es únicamente nuestra, sino que es el órgano de una relación. Creo que esta cuestión no ha sido atendida debidamente en un grueso de escuelas formativas.

Otro aspecto más: la libertad interior

Hay otro plano en que podemos hablar de libertad. Y es la libertad interior, la que aparece cuando podemos ir un poco más allá de nuestras limitaciones internas, de nuestros miedos y anhelos.

Estos comportamientos y pensamientos, tan interiorizados, automatizados y normalizados que son difíciles de reconocer, condicionan cómo vemos el mundo y cómo nos vemos a nosotros mismos. Son estructuras que tiñen y reducen la realidad que observamos. A estos condicionamientos profundos y estrucutrales les llamamos neurosis, carácter, personalidad. Los budistas utilizan la palabra «moha» o «avidya», una forma de ignorancia que deriva en un yo o un «exceso de yo».

Podríamos decir que nadie me obliga a estar en una relación de pareja y que soy libre de terminarla cuando desee. Sin embargo,  si un miedo irracional a la soledad me perturba me parecerá imposible para mi dejarla e irme, por deficiente que esta sea. Un aspecto de mi no se sentirá libre para atender mi necesidad, sin embargo… siempre estará la libertad de atreverse a transitar el miedo.

¿Cómo puedo ser libre si no he aprendido aún a soltar? ¿O si no he aprendido aún a tomar? Esta libertad interior requiere de un profundo, humilde, valiente y constante trabajo personal. Es en intimidad que esto puede irse dando para luego llevarlo al mundo. Porque es en el mundo que el proceso es, que yo soy.

No es un proceso de aislamiento, sino de intimidad. Es una etapa del camino.

Algunas personas han creído que tener estas experiencias de libertad en una práctica meditativa, en la consulta de terapia, o en un proceso de formación es alcanzar la libertad. Nada de eso.

Como recuerda el mítico poema zen de «La doma del buey» cuando uno alberga un tesoro, es llevándolo al mundo, al mercado, a los hijos, a lo cotidiano, que cobra sentido. Es ahí cuando topamos con la realidad que somos. Siempre, con el otro. Siempre en relación. Ahí está, otra vez, la cosa. En el límite. Un límite que en lugar de separar me hace consciente del tejido de relaciones en el que me hallo.

Otro conocido texto es el del maestro budista vietnamita Thich Nhat Hanh, que introduce la palabra «interser». Una bellísima forma de introducir algo que en nuestro lenguaje, en nuestra cultura, tan polar, faltaba y que es similar al significado «Ubuntu» del inicio.

«El interser», el conocido texto del maestro budista Thich Nhat Hanh

“Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel.

Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel inter-son. La palabra “interser” aun no esta en el diccionario, pero si combinamos el prefijo inter con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, interser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel inter-son.

Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol inter-son.

Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel.

Es por ello que creo que la palabra interser debería estar en el diccionario. “Ser” es interser. No puedes ser por ti mismo; tienes que interser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja esta hecha sólo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo.

Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo”.

Manuel Cuesta Duarte manuelcuesta@paziencia.com

Manuel Cuesta, soy terapeuta gestalt con consulta en Granollers y online. Dirijo Paziencia desde 2010. Ofrezco acompañamiento en terapia individual y de pareja, dirijo grupos de supervisión para terapeutas y grupos de terapia. Colaborador de Cherif Chalakani desde hace 14 años. He sido docente del Proceso Hoffman en España, dirigido grupos de hombres en movimiento y colaborado con diferentes escuelas de formación Gestalt y corporal.

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